El Vino Blanco Argento

El Vino Blanco Argento

Vino atravesado por muchas convenciones, estereotipos, asociado con el calor, las piscinas, el veranito. Señalado solo para pescados y mariscos, elegido de prepo para un determinado género, mencionado a veces en diminutivo y muchísimas veces negado rotundamente con un “no tomo vino blanco”. Las estadísticas actuales en Argentina son determinantes: el 75% del vino que se comercializa en el país es tinto. La buena noticia es que la producción de vino blanco está experimentando, ya hace unos años, una sofisticada ‘revolución’ a medida que se rescatan del olvido antiguos viñedos y se prueban nuevas variedades y alturas con diferentes climas.

¿Te animas a un vino blanco?

Historia

Los vinos blancos argentinos tienen una larga historia, así como una enorme tradición que se remonta a las épocas coloniales de nuestro país. Son parte de los primeros pasos de la historia vitivinícola de Argentina, por ejemplo, el Semillón a Mendoza en 1853 junto con el Malbec. A lo largo de la historia los caldos blancos argentos fueron subiendo y bajando su calidad, pero siempre fueron protagonistas del consumo y durante muchos años han sido un distintivo nacional. En la década del 80 llegamos a ser una nación de vinos blancos, en esa época, se tenía plantadas más uvas blancas que tintas, un reflejo del consumo doméstico, sobre todo en los cortes de Semillón y Chenin Blanc, elaborados como vinos secos y superando al 50% de los vinos consumidos. 

Ya en los 90´y, durante más de una década, se dio un lamentable periodo de baja, asociado principalmente, por la poca o nula reconversión necesaria para asegurar calidad, cuestión diametralmente opuesta a lo que ocurriría en la vereda tinta y sobre todo con el Malbec. Entre los años 2002 al 2015 el vino blanco en Argentina siguió perdiendo su participación del mercado local y junto a eso arrastrando más pérdida de calidad. La vitivinicultura de nuestro país se había concentrado en los vinos de color y resignando la calidad de los vinos blancos, pasando a una segunda y económica opción.


Revolución de las uvas Blancas

Ahora bien, en los últimos cuatro años logramos ver impresionantes cambios en este mercado. ¿Qué paso? ¿Que cambió? Diría que un puñado de cosas….

Lo primero que podemos afirmar es que los vinos blancos de hoy nada tienen que ver con los de tiempos pasados. La calidad que se ve en muchas bodegas es sorprendente. Las apuestas, experiencias y trabajo en los caldos blancos hoy nada tienen que envidiar a las tintos

Por otro lado, en góndolas de supermercados o estanterías de vinoteca o en cualquier e-commerce, hay mucha variedad de vinos blancos con puntajes de medios para arriba. Es más, diría que ya hay bastantes puntajes y críticas de éstos disputando el TOP 10 de los mejores vinos argentinos Se podría decir que hoy es más fácil elegir un vino blanco sin errarle feo, transformando la aventura de búsqueda de nuevos sabores en una actividad muchísimo más segura.

Por último, la crítica especializada, las publicaciones y también el marketing exploto para el lado de los vinos blancos. Empezamos a escuchar/leer que el Chardonnay y el Semillon reaparecieron con muchas más variantes, estilos y calidades que los llenaron de elogios. El Sauvignon Blanc, pasó a ser pieza fetiche para las redes y el Torrontés tuvo un explosivo resurgimiento.

¿Posible “moda blanca”? Tal vez, pero mientras tanto las bodegas y enólogos locales demuestran técnica y profesionalmente que los vinos blancos argentinos pueden estar en el podio de cualquier competencia mundial.

Moda o no, y aunque existe una tendencia más que auspiciosa en la tasa de crecimiento del mercado para los vinos blancos, vemos que las uvas blancas aun solo representan alrededor del 20% del viñedo nacional (36.400 ha, INV). Otro dato duro que se hace eco a la larga lista de incongruencias de la argentina: en el mundo se toma mitad blanco y mitad tinto.

Federalismo del vino blanco

No es ninguna novedad que hoy se pueden encontrar joyas a lo largo y ancho de nuestro territorio. Comenzando con el epicentro de la revolución vitivinícola blanca (Mendoza) y como no podía ser de otra manera, con la reina de la enología de vinos blancos y espumosos en Argentina como lo es el Chardonnay.  Con viñedos que superan los 1000 metros de altura y con casi 5000 ha de extensión, genera vinos de una soberbia concentración, intensidad, expresiones de fruta, perfiles florales y la altura haciendo lo suyo. El Sauvignon Blanc no se queda atrás en la tierra cuyana, mostrando perfiles muy expresivos en nariz y por sobre todo con mucha frescura.  Hay que sumarle también un enorme resurgimiento del semillon con sus casi 300 Ha explorado la elegancia y delicadeza de esta joya de burdeos. 

Mas al Sur, en la Patagonia, entre los vinos blancos van ganando fama grandes expresiones del Chenin Blanc y Semillón. Bellezas de más frescura y mineralidad. Asimismo, las variedades que mejor se adecúan a un verano más corto que el de otras latitudes, son el Chardonnay y el Sauvignon Blanc mostrando perfiles suaves y acidez marcada. En la provincia de Chubut empiezan a lanzar propuestas muy interesantes de Sauvignon y Pinot Blanc explorando la delicadeza de los viñedos plantados en los andes, pero bien al sur.

La zona marítima también se suma a la carrera de caldos blancos, muchos más chicos, pero con linda propuesta aromática son las nuevas áreas oceánicas, hoy es posible encontrar vinos blancos de zonas frías y marítimas. Lindo ejemplo de Buenos Aires y Río Negro. 
En el NOA, el ritmo este marcado por los impresionantes nuevos Torrontés siendo alguna vez la uva más plantada en Argentina. Mención especial a los enormes blend blancos que dan que hablar.

En todas las regiones argentinas hay todavía muchísimo margen para seguir creciendo y experimentando en sabores. Mucho ya se ha logrado y así lo demuestran los excelentes descorches de vinos blancos. Al mismo tiempo el consumidor ya los va teniendo en el radar para futuras compras.

Será el momento del vino blanquito?


Mis recomendados

San Pedro de Yacochuya Torrontes 2019

Enólogos: Marcos Etchart y Michel Rolland. Finca Yacochuya, Valles Calchaquíes, Cafayate. Provincia de Salta.

Una de las grandes joyas del NOA.

Es muy difícil elegir un excelente Torrontés de Salta porque simplemente, hay muchos. Tenía que elegir uno y me quede con este tremendo exponente del Valle de Cafayate, que entrega toda la riqueza del suelo norteño dando una armoniosa combinación de aromas frutales y florales en nariz y una gran frescura en boca.

100% de uvas Torrontés de vides plantadas a más de 2100 msnm.

Parada obligada en la aventura blanca, para la uva que está dando blancos más expresivos, no tan dulces y de muchísima calidad. Una belleza.

A Lisa Semillon 2019

Enologo: Hans Vinding Diers - Bodega Noemia de Patagonia, Mainque, Provincia de Rio Negro 


Este proyecto, ya de muchos años, arranco recuperando un antiguo viñedo plantado en los años 30 en un remoto rincón del valle del Río Negro. No solo produce unos Malbec increíbles sino también este soberbio Semillon Patagónico. Muy Fresco, delicado y una sutileza que conmueve. Hermoso exponente de esta uva insignia de la zona de Burdeos en Francia, que encuentra en la Patagonia una expresión formidable. Nariz Austera, Boca explosiva de marcada acidez. Cítrico con notas de melón. Un amor.

DV Catena Chardonnay Chardonnay 2018

Enólogo: Alejandro Vigil - Domingo, Villa Bastías, Tupungato; La Pirámide, Agrelo, Luján de Cuyo. Provincia de Mendoza, Argentina.


Para mí humilde opinión, es uno de los iconos del Chardonnay en Argentina. Personalmente uno de los que mas me gusta. Copa amarilla con reflejos verdosos, nariz muy floral, boca de entrada mantecosa con acidez muy balanceada y madera. Fresco, Fluido, fácil de tomar. Excelente Relación Precio Calidad. Un bombazo.

Laguna Brava Selected Reserve Torrontes 2015

Enólogo: José Luis Mounier –Bodega José Luis Mounier - Finca Las Nubes, paraje El Divisadero, Cafayate. Provincia de Salta, Argentina.

Dicen que a José Luis ha sido llamado el Rey del Torrontés, y este vino lo viene a confirmar. Espectacular blanco norteño eléctrico y desordenado en Nariz. Fermentación en barrica, resultando un blanco fortachón pero elegante a la vez. En boca cítrico y fresco. Miel y manteca en su textura. Un estilo bien diferente que vale la pena probar, 

Otra belleza del NOA.


-Dominio Sur-

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